martes 13 de mayo de 2008

Crónicas Californianas | Día 7

La verdad es que me gustaría escribir más a menudo, pero ya se sabe, hay momentos ideales y hasta hoy no he encontrado uno de ellos. Así que aprobechemos la idoniedad para relatar lo que dió de sí el séptimo día en tierras americanas acompañados del incomparable marco que ofrece el Electric Music for the Mind and Body, de Country Joe & The Fish, un disco estandarte de lo que fué un año para marcar en el calendario si de música hablamos: 1967. Con esa lisérgica guitarra y ese enigmático teclado viajo entre mis recuerdos y en lo que mis ojos vieron ese día, un día realmente emocionante ya que me di cuenta de que nosotros, unos simples mortales, no podemos explicarle nada a la Madre Naturaleza porque, sencillamente, no sabemos nada.

Despúes de dormir poco más de dos horas por culpa del juego y del alcohol nos levantamos para ir a un lugar muy especial: el Grand Canyon. Así que con las baterías de las cámaras de filmar y fotografiar a tope nos elevamos en helicóptero por esas áridas tierras. Debo decir que nunca antes había ído en helicóptero y me encantó, sobre todo viendo las excelentes vistas que de Las Vegas nos ofreció. Vimos la famosa presa Hoover Dam, que es realmente espectacular. Y nada, desierto y más desierto hasta que el Gran Canyon hizo su aparición. Los organizadores de la excursión lo tienen todo calculado: llegamos en línia recta pero no de frente al Gran Canyon, y una vez a la distancia idónea empezamos a virar y así vimos como una de las mayores acciones de la naturaleza se abría poco a poco, mostrando toda su majestuosidad. Me sentí pequeño, ridículo, contemplando tal obra magna, a la vez que hacía realidad uno de mis sueños.

El helicóptero empezó a descender y las paredes del Gran Canyon nos atraparon por completo. De paso vimos la nueva y famosa atracción, el Skywalk. Y descendiendo por esas milenarias paredes se me puso la piel de gallina. Acojonante, sin duda. Aún con el corazón a cien descendimos hasta el Colorado River y almorzamos cava y pastas mientras nos deleitábamos con el lugar. La verdad es que no hay palabras suficientes para describirlo, hay que verlo y punto. No hay más. Y ya que antes hablaba del cava... yo nunca tomo cava, salvo cuando hay un brindis especial, y tomo un par de sorbos y ya está... pero esa mañana me tomé toda la copa.

Cuando ya no sabía a qué más sacar fotos volvimos al aparato para regresar a Las Vegas, no sin antes parar en medio del desierto para repostar combustible. Fué otra gran sensación, ya que no había ni una triste carretera. Allí en medio, sin nada de nada. En medio del desierto de Arizona. Y luego llegó la contraposición: pasamos de una de las mayores creaciones naturales, como el Grand Canyon, a una de las más artificiales: Las Vegas. Una vez más el contraste desierto-Las Vegas fué brutal, y creo que por mucho que lo veas debe costar acostumbrarte.

Muchas emociones vividas y sólo eran las 12 del mediodía. Seguimos disfrutando de Las Vegas visitando su famoso Hard Rock Cafe, con esa Strato y esa Les Paul gigantes custodiándolo. Como no, nos compramos alguna que otra camiseta y recuerdo y seguimos hasta el Hooters Casino Hotel, donde comimos un par de melones, digo, hamburguesas, jeje. Eso es la Meca, y si vuelvo a Las Vegas ya sabéis donde encontrarme, y más después de esas fotos que nos hicimos con las camareras... Y hablando de mecas, Las Vegas tiene múltiples outlets, así que visitamos uno por la tarde. Un servidor prefiere gastarse el dinero en otras cosas, pero reconozco que para alguien a quien le guste quemar el plástico de la Visa a base de comprar ropa ese outlet era la Meca. Y si no que se lo comenten a los amigos Manel, Jordi y Àlex. Unai, Miquel y yo nos comportamos, aunque todos picamos. ¡Y no era para menos! Imaginad un baricentro, con todo de tiendas de marca, mucho más baratas que aquí y con el cambio del dólar a favor... ¿alguien quiere un babero?

Cuando la noche cayó volvimos al hotel a dejar las bolsas --algunos se compraron más maletas para transportar las nuevas adquisiciones-- y visitamos algunos de los hoteles míticos de la ciudad, como el Luxor o el New York! New York! Pim pam, pim pam. Y luego a descansar al hotel, que teníamos que levantarnos muy temprano para tomar un vuelo hacia San Francisco. Eso sí, nunca viene mal echar una ruletilla antes de dormir, junto con un Jack, probando suerte a esos números fetiche que todos tenemos. Y si no queréis ruleta siempre hay esas tragaperras dispuestas. Es cuestión de elegir, pero mejor hacerlo con la BSO de la Naranja Mecánica.

lunes 14 de abril de 2008

Crónicas Californianas | Día 6

Los bucólicos parajes musicales de Caravan me sumergen en un mar del que no quiero salir. Esa es la belleza de la música y punto. Cada disco es un viaje distinto que merece ser disfrutado con tranquilidad y con los cinco sentidos a tope. La vista para contemplar la portada, el olfato para oler el vinilo, el tacto para ponerlo cuidadosamente en el platillo, el oído para que su esencia nos llegue y el gusto para saberlo saborear. Y si cada disco es un viaje, cada viaje debe disfrutarse como aquel disco que nos pone la piel de gallina. Y así estoy yo ahora con In The Land Of Grey And Pink. Es lo que tienen las obras maestras...

El sexto día en tierras americanas amaneció azul, como si nos invitase a recorrer más y más millas. No nos hicimos rogar y nos adentramos en el desierto con el Death Valley en la mente. Nos aseguramos de llenar el dipósito del coche y enfilamos esas carreteras que no terminan jamás. Y por fin llegamos al Valle de la Muerte, que con el nombre ya queda más que descrito. Pero el Death Valley es tan grande que sólo pudimos ver uno de sus puntos míticos y más famosos: el Zabriskie Point. Qué decir lo que para mi significa ese lugar, con la película que allí se grabó y con esa banda sonora... destacando, como no, mis adorados Pink Floyd. Pude constatar que el Zabriskie Point existe, que no está en otro planeta aunque lo parezca, y que ejerció en mi un poder sobrenatural. Me dejó acojonado desde el primer momento. La Madre Naturaleza ostentando su saber hacer, algo que cada día puedo contemplar en la foto que tengo colgada en la pared.

Zabriskie Point

Como ese coyote, que nos acompañó unos instantes de nuestro viaje, seguimos adelante y paramos a comer en un auténtico oasis en medio del desierto. Y con los estómagos llenos nos encaminamos hacia la meca del hedonismo, hacia el templo del vicio, hecho por el hombre y para el hombre: Las Vegas. Y conduciendo se hizo de noche, así que, como marcaba el guión, pudimos tener la primera visión de la ciudad de los casinos de noche, con el faro del hotel Luxor dominando el cielo. No lo podía creer, estábamos llegando a Las Vegas! Las Vegas! Y con Money de Pink Floyd sonando. Como dije en su día, "mientras el bueno de Roger Waters nos denuncia el poder del dinero nosotros llegamos a Las Vegas".

Las Vegas

Una vez acomodados en el hotel Golden Nugget nos deleitamos con las luces de la ciudad. El derroche es inimaginable y más pensando que Las Vegas no duerme. Cuando uno entra en un casino el tiempo se para en su interior. Igual son las siete de la mañana como las tres de la tarde. Esto no importa para apostar y apostar, para contemplar todas esas mujeres de la vida acercándose a los solterones, para que la bola decida la suerte, para que la tarjeta de crédito se inserte en una máquina tragaperras, para que el crupier reparta las cartas o para que el barman nos sirva un Jack Daniel's (por cierto, los peores que me bebí en todo el viaje). Las Vegas tiene ese poder, ese magnetismo para alguien aficionado a esos vicios. Yo por suerte no lo soy, aunque sea un fiel amigo de Jack, pero siempre me han atraído esas cosas que yo nunca haría. La tentación, eso es, hablamos de eso...


martes 18 de marzo de 2008

Crónicas Californianas | Día 5

Aún tengo resaca de mi último viaje a Londres, una ciudad que me tiene el corazón robado. Pero antes de contar las cosas que visité esta vez, creo que debo terminar lo empezado y seguir contando lo que dio de sí el viaje por tierras californianas, que fué mucho. Y sólo estamos a la mitad del viaje... aunque por suerte las cosas permanecen imborrables en mi retina y en los miles de fotografías que realicé, que ahora mismo són el hilo conductor de la narración de este viaje. Así que levantémonos por la mañana y visitemos, de una vez por todas, Hollywood Boulevard.

Pues eso, que la archifamosa calle fué lo que visitamos por la mañana que, una vez más, nos obsequió con ese color gris tan característico. Lo primero que vimos y reconocimos fué la Capitol Records Tower, construida en 1942. Mítico edificio, sin lugar a dudas. Iniciamos luego el inevitable paseo por el Walk Of Fame que, digan lo que digan, tiene más fama que belleza. Hollywood Boulevard es una calle normal, pero que en cada una de las dos aceras hay estrellas incrustadas. Por lo demás no tiene nada que ofrecer, pero es un lugar que uno no puede dejar pasar si va a L.A. Además, muchos tramos de la calle están en obras o muy dejados... eso sí, cuando nos acercamos al Kodak Theatre la cosa se arregla un poco. Precisamente en el mirador del teatro que alberga la ceremonia de los Oscar podemos divisar, por vez primera, el Hollywood Sign al natural. Está lejos, sí, pero se ve y tenemos suficiente. Inevitable también es la visita frente al Chinese Theatre, donde los grandes del cine dejaron sus huellas para siempre.

Kodack Theatre

Después nos encaminamos hacia la meca de los melómanos: Amoeba Music. Situada en el 6400 de Sunset Boulevard, la más reciente Amoeba es la tienda de música independiente más grande del mundo. Os juro que cuando entré por esa puerta me quedé acojonado. Miles y miles de discos a la disposición del cliente. Y vamos, un mercado de segunda mano realmente increible. Allí perdí el norte y me dejé llevar por los impulsos, así que en pocos minutos tenía las manos llenas de discos. El control ya no formaba parte de mi persona y yo era consciente de eso, pero me gustaba. Era un animal de consumo impulsivo. Y todo en dólares, claro... Recuerdo que el tío que me cobró me preguntó el por qué de mi compra y todo, y me dio pegatinas, chapas e imanes a expresa petición mía (con Unai como traductor). Amoeba is my love.

Amoeba Music

Lo siguiente que hicimos fué deleitarnos con una sugerente hamburguesa en el Hooters de Hollywood, a fin de tomar fuerzas para encarar nuestras últimas horas en L.A. con garantías. Con un radiante sol que nos ayudó a rebajar nuestros estómagos made in Hooters y alguna que otra calentura con las chicas del local, nos encaminamos hacia el Hollywood Forever Cementery a fin de contemplar la tumba de Johnny Ramone. Impresionante, no puedo decir más. Más solos que la una pero con esa estatua del guitarrista custodiando sus restos para la eternidad al lado de un pequeño lago. Por mis adentros tarareé canciones de los Ramones y recordé estando en NYC las sensaciones frente lo que fué el CBGB. No pude más que darle las gracias por los buenos momentos que he pasado escuchando sus canciones antes de volver a subir a la furgoneta y encaminarme, con mis colegas, hacia Beverly Hills.

Johnny Ramone's Grave

De mansiones vimos pocas, pero para decir la verdad no vimos nada devido a los muros que las protegen. La única que vimos un poco fué una que se utilizó en El Padrino. Incluso estuvimos delante de la supuesta mansión Playboy, y digo supuesta ya que ningún cartel así lo indicaba. Después decidimos visitar dos de los clubes más emblemáticos e importantes de L.A: el Roxy y el Whisky A Go Go. Con sus características luces la mitomanía se plantó ante nosotros. Grupos como los Doors, Buffalo Springfield o Love empezaron en el Whisky. Y en frente la Hustler Hollywood Store, conocida en nuestro círculo de amistades como Amoeba Àlex. Una vueltecita a fin de contemplar las delicatesens del lugar, un refresco y carretera y manta.

Esa noche terminamos durmiendo en Victorville, en un cómodo hotel. Pero no todo fué tan fácil, pues en el primer motel que miramos tuvimos un problemilla con el propietario hindú. Después de ver las habitaciones y el olor que desprenían decidimos buscar otra cosa y el tio se cabreó. What's the problem? fué lo que más repitió de mala manera, enfurecido junto a su mujer. Nos dijo que si decíamos que no y volvíamos más tarde ya no nos daría las habitaciones. Suerte que no sacó el rifle... Así que nada, ya con un hotel en condiciones decidimos olvidar el percance con el hombre bebiendo alcohol y poniendo canciones en un jukebox. La verdad es que ese garito no estaba nada mal, y una de las camareras menos aún.

Jack Daniel's

domingo 9 de marzo de 2008

Neil Young | London, 06/03/08

Más de un mes después del último post, muchas cosas que contar pero poco tiempo para explicarlas. Pero hay ciertos acontecimientos que consiguen agrietar las ocupaciones porque, sencillamente, necesitan ser contados. Uno de ellos es el concierto de Neil Young que presencié el pasado dia 6 de marzo en el Hammersmith Apollo de Londres. Encontrar palabras para definir tal evento puede resultar complicado, pero voy a intentarlo y, si necesito inventarme términos lo voy a hacer.

Foto: *hoodrat*

Asistir a un recital de Neil Young era uno de mis sueños y por fin lo vi cumplido. Pero no todo fue tan bien, y la culpa la tuvo esa maldita hot chocolate, que me amargó los momentos antes del concierto y los momentos después. Durante el show mi cuerpo permaneció en stand by, ya que nada podía privarme de disfrutar ese momento tan esperado para mi. El recinto, el Hammersmith Apollo, es sencillamente perfecto. Llegué con mi amigo Pep, recogimos las entradas y nos adentramos en el bar del auditorio a esperar que empezara el concierto. Benditos sofás y bendita la siesta que nos pegamos, aunque como ya he comentado yo no estaba al 100%. Llegó el momento de entrar en la sala y descubrir los encantos de uno de los auditorios más importantes de la ciudad. Estábamos situados en la platea, a unos veinte metros del escenario. Una buena situación para ver a un genio crear obras de arte.

Foto: *hoodrat*

A las 19.30 empezó puntual Pegi Young a tocar. Aproximadamente estuvo 45 minutos cantando country. Estuvo bien, pero la impaciencia de la gente para ver a su marido era palpable. Una pausa y se obró el milagro. Un taburete, unas guitarras rodeándolo, dos pianos, harmónicas y un sintetizador. Y de repente salió un tipo aguantando un lienzo y camuflándose detrás de él... era Neil Young. En ese momento me hice creiente, pues vi que Dios realmente existe y es de carne y hueso. Con la piel de gallina mi ídolo se sentó y atacó con la esperada From Hank To Hendrix. No podía creer lo que estaba viendo, os lo digo de verdad. Y menos pude creerlo cuando el siguiente tema fue mi favorito, Ambulance Blues. Las piernas me temblaban y no era para menos. Imaginaros a Neil Young sentado en un taburete, iluminado por un foco, guitarra en mano, harmónica en boca y cantando esa canción. Hoy sigo sin creer que presencié esos momentos.


A la obra maestra le siguieron Kansas y A Man Needs A Maid, tocada con el primero de los dos pianos y cuyos arreglos orquestrales fueron suplidos de forma magnífica por el sintetizador del maestro Young. Luego vinieron dos puntos fuertes. El primero fue la magnífica interpretación de Harvest y el segundo uno muy esperado para un servidor: After The Gold Rush. No he contado las veces que he cantado esta canción intentando emular a su creador. En ese instante lo tenía delante, frente a su segundo piano, interpretando una pieza magistral de un no menos sublime disco. Las geniales Old King y Love Art Blues hicieron su aparición antes de que el Neil Young tocara tres canciones seguidas del disco Harvest: Heart Of Gold, Out On The Weekend y Old Man. La primera era de esperar que la tocase, pero la segunda fue realmente una sorpresa para mi. Pero mención especial merece la magistral interpretación de esa Old Man. Sólo podía aplaudir y esperar que el genio volviese a escena después de la pausa con su Old Black...

Excitación e impaciencia era lo que sentía justo antes de que las primeras notas de The Loner inundaran mis oídos. Majestuosa y poderosa. Dirty Old Man y Spirit Road, geniales las dos, quedaron eclipsadas por una canción clásica entre clásicas. Por una composición totémica dentro de la discografía del canadiense. Ni más ni menos que Down By The River. Sublime. Consiguió hacerme enloquecer y recordar esas tardes de llúvia escuchando esas fraseos de guitarra y cantando el estribillo con toda mi pasión. Ahora podía hacerlo junto a Él. Pero sin tiempo para recuperarme llegó uno de los mejores momentos de todo el recital: Hey, Hey, My, My (Into de Black). Acojonante, bestial, ruda y agresiva. Una auténtica bacanal de sonido es lo que se marcó el maestro. Un mural sónico de fiereza pura, de aparente descontrol y de no domesticación. Y todo acompañado de ese traje manchado de pintura. Roll Another Number y Oh, Lonesome Me sirvieron de pausa. La segunda cantada con todo el sentimiento, tal como merece una canción de su calibre. La electricidad volvió con The Believer, pero fue con Powderfinger cuando la disfruté más. Una de mis canciones favoritas y la estaba escuchando en directo. ¿Qué más podía pedir? Algo más, sí, como por ejemplo el abrumador final con No Hidden Path.

Foto: *hoodrat*

Todo el Hammersmith de pie para aplaudir a uno de los artistas más importantes del siglo XX. Pero ojo, que la cosa no había terminado ahí... Un bis, sólo un bis, pero menudo bis: ¡Fuckin' Up! Todos levantados, cantando el estribillo y dejando libre nuestro lado más salvaje. Realmente impresionante la despedida brindada a un auténtico genio de la música, a un tipo que ha sabido sobrevivir a todas las épocas con entereza y buen hacer. Le admiro, y desde aqui quiero darle las gracias por ese día. Salí de allí, con mi amigo Pep, con la certeza de haber vivido un momento histórico. Siempre tendré esas sensaciones conmigo. Ahora puedo morir un poco más tranquilo. Y no olvido que Ralph Molina estaba ahí...


¡Keep on rockin' in the free world!

Nota: Las fotos no són mías ya que no pude tomar ninguna en condiciones y no corresponden al mismo concierto al que asistí. Creo que la mayoría són del día antes.



martes 5 de febrero de 2008

Crónicas Californianas | Día 4

La mañana amaneció, como era habitual, envuelta en una espesa niebla. Pero eso no fue motivo suficiente para que nuestros cuerpos se aburriesen y dejasen escapar la posibilidad de disfrutar de uno de los parques temáticos más importantes del mundo: el Universal Studios de Hollywood. Antes de llegar a la taquilla entramos en una especie de submundo lleno de tiendas y tiendas que, ya de noche, se convierten en el cebo ideal para miles de turistas que cada día visitan el parque. El negocio es el negocio, amigos, y los norteamericanos saben más que nadie en este campo. Destacar que entre las tiendas se encontraba una impresionante guitarra abanderando el Hard Rock Cafe de Los Angeles. Pero para guitarras las de Las Vegas... En fin, ¡Vámonos al parque a pasarlo bien!

El Unversal Studios es realmente extenso. Lo primero que hicimos fue pasar un poco de miedo en la House Of Horrors. La verdad es que vas cagado durante todo el trayecto, pero a la que te pegan el susto te partes de risa. Los actores están realmente bien caracterizados, casi a punto de rodar una película de miedo made in Hollywood. Lo interesante es pasear por las calles del parque y saborear esos detalles del cine, como por ejemplo el Dodge Charger de 1970 utilizado en The Fast And The Furious, o el mítico coche de los Blues Brothers. Además de atracciones también hay espectáculos. Nosotros asistimos a uno de animales actores, a una demostración de efectos especiales y a otro donde se mostraba el fuego como elemento principal. Pero lo realmente interesante son las atracciones, como la de Terminator 2: 3D, la de Shrek 3D, la de la momia o la de Jurassic Park, un Tutuki Splash a lo béstia y ambientado en una etapa donde los dinosaurios dominan la tierra. Destacar también el tour por los diversos decorados míticos de Hollywood, como el Bates Motel o la casa de su propietario. En dicho tour el espectador se ve inmerso en situaciones típicas de las películas, como inundaciones en el metro, efectos de llúvia, fuego. Sorpresa tras sorpresa.

Universal Studios

Valorando la visita al Universal Studios puedo decir que fue positiva, aunque creo, a opinión estrictamente personal, que le dedicamos demasiado tiempo en detrimento de otras cosas interesantes que queríamos visitar. Lo que yo recomiendo, y más teniendo dos días escasos de tiempo para visitar L.A., es que uno visite las atracciones más significativas, como el Terminator, o el Jurassic Park, que haga el tour de los decorados y que prosiga la visita a la ciudad de los Lakers. Pero repito, es una opinión meramente personal y depende de las prioridades de cada uno.

Benvinguts a Santa Monica!

Ya que la noche se nos echó encima sóló pudimos visitar Santa Monica de noche. Cenamos en un exclusivo restaurante, por un día, y nos encaminamos hacia el famosísimo muelle, escenario de tantas y tantas películas. Pamela Anderson no estaba allí, pero sí en nuestras mentes, salvando a la gente con su salvavidas y con sus dos boyas portátiles en el momento en que traspasamos el cartel cuidadosamente iluminado. Pudimos contemplar la mítica noria e inmortalizar unos instantes realmente agradables de paseo por el muelle. Por cierto, una franquícia de Bubba Gump Shrimp Company se encuentra allí. Nos relajamos contemplando las olas picar contra la playa y contemplando Los Angeles desde ese privilegiado lugar.

La nòria de Santa Monica

Creo que el colofón de la noche no lo puso el amigo Jack ni un buen vino californiano, aunque ponga una foto a continuación. La guindilla de la noche la puso el placer de llegar al hotel y encontrarse esas camas suaves, a fin de garantizar un óptimo descanso para el turista. Incluso alguno de nosotros tuvo la fortuna de dormir con un cuadro de Elvis encima de la cabeza. A otro le tocó Marilyn. Yo prefiero un cuadro de Jack Daniel's.

jueves 17 de enero de 2008

Lugares Míticos | Max's Kansas City


Desde hace unos días no paro de pensar en New York City, una ciudad que me marcó de por vida. Ardo en deseos de volver a pasear por sus calles, de terminar los días con el cuello molido de tanto mirar hacia arriba, de viajar en la red de metro más larga del mundo, de ir a Ellis Island, de volver a subir al Empire State, de contemplarlo desde lo alto del Rockefeller Center y, sobre todo, de volver a impregnarme de la enorme historia musical que alberga. Tengo ganas de volver a estar delante de lo que fue uno de los clubes más importantes del underground newyorkino de finales de los '60: el Max's Kansas City.

Fundado por Mickey Ruskin en diciembre de 1965, en seguida se convirtió en el punto neurálgico de los artistas más vanguardistas de la ciudad, entre ellos Andy Warhol. Y hablar de Andy Warhol es hacerlo de uno de los grupos que lideró el escenario del Max's en esos tiempos: The Velvet Underground. Precisamente allí hicieron su último concierto con Lou Reed, el famoso The Velvet Underground: Live at Max's Kansas City. Por cierto, se comenta que este concierto fue el primer pirata en editarse bajo un sello discográfico, pero yo no lo sé, así que espero que los eruditos puedan sacarme de dudas. En fin, que la historia del Max's la podéis encontrar en la Wikipedia. A mi lo que me interesa es contaros las sensaciones que tuve estando delante del 213 de Park Avenue, o lo que es lo mismo, la Cuarta Avenida. Para seros sinceros me informé poco antes de ir, tan poco que ni siquiera sabía que el club ya no existía. Al principio no vi nada en ese nº 213, así que entramos en un hotel que hay al lado y preguntamos. El tío quiso ayudarnos pero no tenía información. Igual el nº estava equivocado... pero no. Así que volvimos delante y la sorpresa para mi y mis amigos fue encontrar una placa en honor al Max's. Es sólo una placa, sí, pero demuestra que allí hay un pedazo de la história de la música y de la cultura de la ciudad. Me hubiese gustado encontrar lo mismo en el 31 de Tottenham Court Road, en Londres, en el lugar donde estuvo el UFO Club. Pero eso es otra historia...

Allí y no en otro sitio Lou Reed había tocado por última vez con la Velvet Underground. Por esa puerta había entrado Andy Warhol y ahora nosotros estábamos contemplándola. Fue algo realmente emocionante pese al desencanto inicial que provocó la notícia de que el club ya no existía. Otra vez voy a informarme hasta hartarme. La placa que había rezaba lo siguiente:

--Max's Kansas City 1965-1974--

At this site Mickey Ruskin opened his famous restaurant, bar, music venue and hangout, wich Andy Warhol described as "the coming together of Pop Art and Pop Life somewhere between a Viennese coffe house, and artist's salon and an American Bohemia." A natural intersection of art and music, Robert Rauschenberg was a regular, the Velvet Underground Played, and punk was born from performances by The New York Dolls and The Ramones.

Max's Kansas City

Un lugar emotivo que visitar para un melómano, como decenas de otros clubes. Por desgracia hay poco tiempo para visitarlos todos, pero por suerte hay ganas de volver a la Gran Manzana para conocerla mejor, para saciar el mono del miticismo y, como no, para deleitarse con los excelentes Jack Daniel's que preparaba el amigo Bob. New York City is waiting...



jueves 10 de enero de 2008

Mystic Siva | Mystic Siva (1970)

Aparco por unos momentos las Crónicas Californianas porque siento la terrible necesidad de hablar de un disco, un disco que me absorve hasta dejarme sin aliento. Empiezo el día y lo pongo en el iPod con la opción "repetir" activada, así no parará de sonar hasta que yo tenga bastante, hasta que mi mente esté saciada de psicodelia de la pura. Y por si no tenía bastante hoy mismo me ha llegado a casa la lujosa reedición en cd de tan preciada joya para los oidos. La verdad es que es un digipack con unas tapas duras de verdad. Da gusto abrirlo y poner el disco, y que la música y el arte de unos adolescentes fluya sin restricciones.

Estamos hablando de Mystic Siva, un grupo de Detroit que en 1970 editó uno de los discos más oscuros y buscados para los devoradores de psicodelia americana. Alucino imaginando a Marc Heckert (14 años) tocando su órgano con la inevitable influencia del primer disco de The Doors, a Art Thienel (15 años) marcando las pautas del desarrollo musical con su bajo, a Al Tozzi (15 años) punteando la guitarra de esa manera y dando forma a grandes solos psicodélicos con su guitarra y a Dave Mascarin (15 años) tocando la batería, cantando, escribiendo todas las canciones e ideando el diseño gráfico del disco.

No puedo entender como unos chicos de su edad consiguieron concebir una obra de tal magnitud, que empieza con la poderosa Keeper Of The Keys, un tema que ya nos traza por donde iran los tiros, con una fuerte base de órgano, bajo y batería, y con el potente solo de Tozzi que parece no tener fin. Y dura y dura... y me encanta... desearía que no terminara. Mientras otra guitarra se solapa por debajo creando unas interesantes texturas musicales. Y Mascarin... esa voz no parece la de un chico de 15 años. Y de la catársis psicodélica nos sumergimos en And When You Go, un tranquilo tema dominado por el organillo, una tranquila guitarra y la nostálgica voz de Mascarin. Tranquilo y relajante, recordando aquello que hicieron los dos antes de que ella se fuera. Y como si nada volvemos a la fiesta con Eyes Have Seen Me, cuyo poderoso y pegadizo riff ya forma parte de mi vida. Esta vez Mascarin canta con la ayuda de los coros en alguna frase y con la siempre presente base órgano-guitarra-bajo-percusión. Pero aquí Tozzi utiliza una guitarra más ácida, más acorde con los sonidos lisérgicos californianos. Mientras Mascarin recita cosas sobre ella la banda toca y toca... y grabaron todo el disco en un solo dia.

Tras finalizar de forma súbita el tema entramos en el mundo Doors con Come On Closer. Sin duda alguna Jim Morrison y los suyos están presentes en esta excelente composición de tintes blueseros que nos transporta a Venice Beach tres años antes, cuando Jim & Cia editaron su poderoso disco debut. Es en detalles como Come On Closer cuando queda patente la influencia de una gran banda. Por cierto, sublime final. Sunshine Is Too Long muestra una curiosa percusión y un hermoso ritmo por parte de la guitarra y el órgano. Tozzi se luce una vez más, pero ahora a menos volumen que las otras veces, con un solo marca de la casa. No sé yo pero ese ritmo con la guitarra me recuerda a Jimi Hendrix... Y llegamos a uno de los puntos álgidos del disco: Spinning A Spell, una lisérgica composición que adquiere más potencia conforme van pasando los minutos. Los Doors, otra vez los Doors... pero esta vez con la inclusión de un acurado solo de guitarra, que entra demoledor, como una hacha partiendo un trozo de madera. Un solo de heavy psychedelia, eso es. Grandioso tema para cerrar la primera cara del disco.

Y una vez le damos la vuelta al plástico nos encontramos con Supernatural Mind y su tétrico inicio, para luego desembocar en un mural sónico de lo más agradable. El órgano de Heckert no para, no para... Y Mascarin en el estribillo marca la pauta para que Tozzi entre avasallador, devastador y demoledor. Me pongo de rodillas ahora mismo para idolatrar lo que suena: psicodelia, psicodelia y más psicodelia. Sin duda uno de los mejores cortes del disco. Find Out Why es otro tranquilo y melancólico tema para tirarse en el sofá y recordar aquellos maravillosos años. Un poco de suavidad no viene nada mal, escuchando el desarrollo organístico, sobre todo para encarar Magic Luv, una auténtica bomba de relojería. Mascarin se sale, al igual que sus colegas. Se me estremece la piel cuando escucho el macabro estribillo, para dejar paso a unos ácidos y blueseros punteos de guitarra. Hipnótico y alucinante tema. Touch The Sky empieza con un agradable ritmo que deriva en otro solo de Tozzi, esta vez también a menos volumen, así que podemos apreciar el trabajo del resto de músicos con más claridad. Pero que queréis que os diga, a mi me mola cuando el tio graba alto. Y finaliza el disco con una de las composiciones más desarrolladas instrumentalmente: In A Room. La intro de la canción es acurada y realmente nos prepara para lo que va a venir después, un grito de Mascarin que deriva en algo parecido a un pato (quizás escuchó algo de Syd Barrett antes), para luego recitar y recitar con una potente base rítmica de trasfondo. A destacar el perpetuo órgano de Heckert en conjunción con la guitarra de Tozzi. Pero no nos olvidemos de Thienel y su bajo, que durante todo el disco arropa los dos instrumentos estrella. Y ahora aullidos... Syd Barrett está presente... who are you?! Tétrico final para un disco sublime.

Este es un trabajo ineludible para los amantes de la psicodelia americana y los aficionados a la música en general. Una autentica obra maestra que, de haber sido grabada en condiciones, sería más y más espectacular. Los propios Mystic Siva reconocen que la mezcla final no les terminó de contentar, ya que en el estudio donde grabaron el rock no era una de sus especialidades... No obstante les salió un disco redondo y que podéis descargar en el siguiente link, gentileza de ChrisGoesRocks

Mystic Siva | Mystic Siva (1970)